Lo que intento mostrar es cómo las relaciones de poder
pueden penetrar materialmente en el espesor mismo
de los cuerpos, sin tener incluso que ser sustituidos por
la representación de los sujetos.

Michel Foacult

La construcción de poder en su concepción de dominio y sublevación posee diferentes manifestaciones dentro del sistema capitalista. Es decir que, al interior del sistema operante, la estructura sobre la cual se soporta las relaciones de poder esta determinada por estrategias homogenizadoras, basadas en la propagación de modelos de acción –estimulo respuesta- que permiten se establezcan los respectivos roles de dominación y subyugación.

Una de las armas utilizadas para solidificar las fuerzas de dominio, es la creación de estereotipos de placer que tiene como finalidad introducir al cuerpo en una modalidad productiva (Entiéndase estereotipos como los modelos de acción que rigen las causas y los fines). Si bien, podría entenderse de que los modos de relación con el placer es un hecho subjetivo por naturaleza, se puede demostrar la existencia de factores que conllevan a que dicha subjetividad, no sea propiamente una reflexión creada desde la esencia pura de la individualidad.

Teniendo en cuenta el anterior planteamiento, podría analizarse la manera en la que las relaciones entre el poder y las formas de placer actúan de una u otra forma como mecanismo de control y consolidación del sistema capitalista. Y justamente, será esta, el estudio a desarrollar en el presente ensayo.

La lógica capitalista plantea la distinción de los actores de x ó y sociedad de acuerdo a su capacidad de producción y generación de bienes. Cada uno de estos actores se ubica en uno de los niveles de la estructura piramidal donde se sitúan las diferentes clases sociales. Este modelo de clasificación tiene su origen en la implantación de un raciocino netamente económico, donde se ponen por encima los intereses del mercado y en el cual, los principios capitalistas, prevalecen y determinan la mayor parte de la dinámica social.

Podría pensarse que en tanto sistema económico, el capitalismo, no tiene fundamento para influir en la reflexión hecha por el sujeto sobre el modo de abordar su relación con los placeres. Sin embargo, en la actualidad, el poder de quienes se encuentran en la parte alta de la estructura piramidal, se establece a través de la implantación de políticas y estrategias de consumo que, gracias a la falta de orientación sobre el modo de interpretar las mismas y la monopolización de todas las manifestaciones del placer, gobiernan las fuerzas desplegadas al interior del sujeto, reduciendo a la mínima expresión su actividad reflexiva.

Este tipo de afectación, encargada de determinar algunos de los comportamientos de tipo ético y moral, tiene también su aplicación y reconocimiento. Antes de entrar a describir el modo como se evidencian estas formas de afectación, es necesario hacer referencia al análisis realizado por Michel Focault en su texto Historia de la Sexualidad II. Allí, en el capítulo titulado Moral y practica de si, Focault establece los 4 factores diferenciales que se reconocen en las formas de enfrentar la relación con el placer, los cuales servirán como punto de referencia para la argumentación de la tesis señalada en párrafos anteriores. En primer lugar, señala Focault, existe una determinación de la sustancia ética. “Convienen lo que podríamos llamar la determinación de la sustancia ética, es decir la manera en la que el individuo debe dar forma a tal o cual parte de sí mismo como materia principal de su conducta moral”.

En segundo lugar, afirma el filósofo alemán, se puede distinguir un modo de sujeción. “La diferencias pueden también llevar al modo de sujeción, es decir la forma en la que el individuo establece su relación con esta regla y se reconoce como vinculado a la obligación de ponerla en obra” .

Igualmente, establece Focault, hay diferencias en cuanto a las formas de elaboración del trabajo ético. “También hay diferencias posibles en las formas de la elaboración del trabajo ético que realizamos en nosotros mismos y no sólo para que nuestro comportamiento sea conforme a una regla dada sino para intentar transformarnos nosotros mismos en sujeto moral de nuestra conducta”.

Por ultimo, para Focault, otras diferencias se identifican en la teleología del sujeto moral. “Finalmente, otras diferencias conciernen a lo que podríamos llamar la teleología del sujeto moral: ya que una acción no sólo es moral en sí misma y en su singularidad, también lo es por su inserción y por el lugar que ocupan; es un elemento y un aspecto de esta conducta y señala una etapa en su duración, un progreso eventual en su continuidad.”

Queda claro que para Focault, la relación con el placer es un ejercicio de reflexión individual. Sin embargo, es posible reconocer en la concepción contemporánea que al interior de este modelo de subjetivación, dichas diferenciaciones han sido llevadas a su mínima expresión debido a la influencia de los intereses de mercado, que actúan como instrumento de dominación en beneficio de las fuerzas de poder establecidas.

Por ejemplo, actualmente, existe una tendencia ligada al Epicureismo, en la cual, el placer, se convierte en el canal para conseguir la felicidad. Desde esta perspectiva, en la determinación de la sustancia ética y su vínculo con los códigos morales de conducta, se logra identificar la apropiación de un respeto a las leyes de consumo. Si en principio, las formas de subjetivacion y practicas, tuvieron como finalidad asegurar la ética, hoy en día sus objetivos se adecuan a los interese de poder. Esta característica tiene su mayor expresión en el hecho de que todas las formas de placer se encuentran a disposición en el mercado, haciendo casi imposible la posibilidad de instaurar una nueva forma de placer desde la construcción netamente subjetiva.

En cuanto a los modos de sujeción, es viable reconocer que en el marco de valoración y aplicación de las normas, la motivación del sujeto depende casi exclusivamente de la interconexión entre el ser y el mundo exterior, este último encargado de hacer visible la aparición y consecución del placer. Así mismo y en tanto que el trabajo ético exige un modo de renuncia, la elección de los caminos para convertir el placer en algo mas allá del simple deseo, son trazados por la dinámica de consumo, la cual simplifica los modos de abordar esta reflexión.

Aunque la noción de la teleología moral no puede ser contrastada en este argumento, si se puede afirmar que la finalidad del trabajo subjetivo sobrepasa lo que en otrora se interpretaría como un objetivo de salvación. La búsqueda de satisfacción inmediata y la facilidad de encontrarlo todo a la vuelta de la esquina, seria la causa de la perdida de un fin trascendental en la puesta en marcha del modelo de subjetivacion.

Ahora bien, hasta el momento se ha planteado una visión general de la forma en la que las relaciones con el placer se conciben como un instrumento de poder. Pero tal determinación puede ser corroborada también en el enfrentamiento de fuerzas que se llevan a cabo al interior del sujeto.

Partiendo del proceso establecido por Focault donde el recuerdo aparece como el hilo conductor de la dinámica circular que une al deseo con acto, y a éste con el placer, la relación entre el poder y el placer es evidente desde la primera instancia. La experiencia inicial generada a través del deseo es premeditada por las posibilidades de acceso al mismo, es decir que, tanto las sensaciones que desencadenan los encuentros de tipo sexual, las alucinaciones devenidas por el consumo de diferentes sustancias o productos y todas las practicas que generen algún tipo de satisfacción relacionada con el placer, se construyen en virtud de las motivaciones proyectadas desde el exterior.

De esta forma, el paradigma de las posibilidades de deseo creadas por el contexto capitalista somete el trabajo creativo del sujeto a sus fines; es impensable desear algo que ya no haya sido deseado anteriormente y si dado el caso se consiguiese hacerlo, esta invención no tardaría mucho tiempo en ser ofrecida por el comercio. Y es precisamente en la conquista de las posibilidades de deseo donde se observa como los poderes del capital centran sus esfuerzos para controlar el recuerdo; el factor dinamizador de las tres partes.

Finalmente, las reacciones del placer, son también vigiladas desde el nivel más alto de la pirámide. Los orgasmos, el éxtasis, el sudor frío, la temperatura elevada y los comportamientos alucinantes además de ser vigilados por el ojo de Dios de los imperialistas, tienen un precio monetario en el mercado para su acceso y consecución. Esta descripción es comparable al manual de instrucciones que se anexa en la parte posterior a la caja de un producto comercial: “Consigue tu placer sexual; Acción, hacer el amor; Reacción, éxtasis, orgasmo; Precauciones, no se ejecute en presencia de multitudes; Precio 20.000 si vienes acompañado, 40.000 si necesitas de alguna ayuda extra”.

Un aspecto que no tiene en cuenta las precauciones señaladas por el mercado del placer -aunque su exclusión podría ser interpretada como una nueva estrategia de control- es el establecimiento de límites a la ejecución de las acciones. La inundación de mensajes como “tu placer no tiene límites” ha ocasionado una nueva malinterpretación de la manera de abordar las relaciones con lo placentero. Muchas veces los sujetos sobrepasan el punto de equilibrio entre la pasividad y el exceso que conduce a la muerte, obstruyendo la posibilidad de ser señores de sí mismos en el enfrentamiento con situaciones que exijan algún trabajo reflexivo.

Sin embargo, la subordinación de los placeres al poder de los capitalistas posee una vía de escape. Ya Nietzsche, había trazado una distinción entre la mentalidad aristocrática y la de los esclavos, para señalar los indicios de la transformación de estos últimos, que son quienes en la actualidad, podríamos designar como “la mayoría”. “La Rebelión de los esclavos en la moral comienza cuando el odio llegó a producir valores, el odio que tenía que contentarse con una venganza imaginaria. Mientras que toda moral aristocrática nace de una triunfante afirmación de si misma, la moral de los esclavos, opone un “no” a todo lo que no es suyo; éste “no” es un acto creador. Esta mudanza total del punto de vista, es propia del odio: la moral de los esclavos necesitó siempre de un mundo opuesto, exterior; necesito de estimulantes externos para entrar en acción; su acción es una reacción” .

Se trata entonces de combatir el principio maquiavélico – “el fin justifica los medios- transformando no sólo los valores, sino también oponiéndose a las fuerzas y acciones homogenizadoras de las políticas del mercado. Aplicar enkrateia, ir en busca de la virtud socrática, buscar la autonomía kantiana ó alcanzar el súper hombre de Nietzsche, es el menú de selecciones que está a disposición de quien desea reinventar sus bases éticas y liberarse del yugo que ocasiona construir los placeres conforme a lo estipulado por los poderes del capital.

De esta forma, queda demostrado como actualmente el placer es concebido como una forma de poder, en tanto que su conquista significa el dominio sobre el otro. Así mismo, se vislumbra como la propagación de constantes estímulos de deseo hace parte de las estrategias y políticas monopolizadoras del sistema, que pretenden conquistar y dominar las subjetividades a través del delineamiento de pautas para el ejercicio reflexivo del ser.